XacopediaVao Silveiro

También Vaosilveiro. En tiempos, famoso paso de peregrinos en la Prolongación Jacobea a Fisterra y Muxía, en la aldea coruñesa de Lires, en el municipio de Cee, sobre el río Castro. A 99 km de Santiago, 14,5 de Fisterra y 14,3 de Muxía -santuario de A Nosa Señora da Barca-. Este difícil paso llegó a ser uno de los puntos más famosos de todos los caminos jacobeos, tanto por su dificultad de cruce como por el componente de aventura que representaba. Si bien en verano se superaba introduciéndose en el río y caminando sobre las losas de piedra arrojadas en su lecho para facilitar la andadura, en invierno se hacía sumamente arriesgado, obligando a los peregrinos menos arrojados a un gran rodeo de 5 km.

Fue así hasta que en 2011 la Xunta de Galicia construyó un puente para facilitar el paso a vecinos y peregrinos. La obra generó cierta polémica en el mundo del Camino, pues se consideró una infraestructura de excesivo impacto para su entorno y para las necesidades de servicio. Hubo incluso peregrinos, tal vez los más aventureros, que habrían preferido que Vao Silveiro hubiese permanecido sin el puente, como muestra histórica de lo azaroso que ha sido siempre para ellos superar los cursos fluviales.

En el recuerdo//// Aunque hoy en día apenas sean un recuerdo, los vados formaron parte inherente de la antigua estructura viaria como única forma -allá donde no había puentes- de salvar el curso de los ríos. El propio bordón de los caminantes servía para ayudarse en ellos tanteando el lecho de las aguas. Muchas veces pequeñas estructuras de piedra [poldras, en gallego] permitían apenas a los viajeros y peregrinos cruzar los cursos de agua con una mínima seguridad. En muchos casos -como en Ribadiso, en el Camino Francés-, junto al propio puente solía haber un vado, lo que viene a destacar lo habitual de estos. Tal y como apunta la historiadora Elisa Ferreira, “la existencia del vado podría deberse al cobro de unos derechos de uso del puente, ofreciéndose una alternativa gratuita para los que prefieran mojarse a pie”.

Sin embargo, como señala el ingeniero y estudioso de los caminos jacobeos Arturo Soria y Puig, por frecuente que fuera vadear, no dejaba de ser un ejercicio azaroso y, por ende, sumamente peligroso. Por ello la construcción de puentes a lo largo de la historia, y muy particularmente en la Edad Media, se consideró una obra pía; era una obra de caridad hacia el prójimo y sus artífices llegaron a conseguir la santidad, casos de Santo Domingo de la Calzada o San Juan de Ortega. Incluso quien quería redimir su alma aportaba fondos testamentarios para el levantamiento de puentes, tal como hizo Odoario Afonso con el de Cesures. A partir del siglo XII se realizaron en Francia colectas públicas y se crearon cofradías con la exclusiva misión de promoverlas con este fin. En España, la propia iglesia llegó, a finales del XII, a conceder indulgencias a todo el que contribuyese pecuniariamente a la construcción de puentes. [JAR]


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