XacopediaVao Silveiro

Mítico paso de peregrinos en la Prolongación Jacobea a Fisterra, en la aldea coruñesa de Lires, en el municipio de Cee, sobre el río Castro. A 99 km de Santiago, 14,5 de Fisterra y 14,3 de Muxía -santuario de A Nosa Señora da Barca-. Este difícil paso de peregrinos ha llegado a ser uno de los puntos más famosos de todos los caminos jacobeos, tanto por su dificultad de cruce como por el componente de aventura que representa. Si bien en verano se puede superar introduciéndose en el río y caminando sobre las losas de piedra, que han sido arrojadas en su lecho para facilitar de alguna forma la andadura, en invierno se hace sumamente arriesgado, obligando a los peregrinos menos arrojados a un gran rodeo de 5 km. La pequeña ría de Lires ha pasado así a formar parte del imaginario de los modernos peregrinos jacobeos.

Aunque hoy en día apenas sean un recuerdo, los vados formaron parte inherente de la antigua estructura viaria como única forma -allá donde no había puentes- de salvar el curso de los ríos. El propio bordón de los caminantes servía para ayudarse en ellos tanteando el lecho de las aguas. Muchas veces pequeñas estructuras de piedra [poldras, en gallego] permitían apenas a los viajeros y peregrinos cruzar los cursos de agua con una mínima seguridad. En muchos casos -como en Ribadiso, en el Camino Francés-, junto al propio puente solía haber un vado, lo que viene a destacar lo habitual de estos. Tal y como apunta la historiadora Elisa Ferreira, “la existencia del vado podría deberse al cobro de unos derechos de uso del puente, ofreciéndose una alternativa gratuita para los que prefieran mojarse a pie”.

Sin embargo, como señala el ingeniero y estudioso de los caminos jacobeos Arturo Soria y Puig, por frecuente que fuera vadear, no dejaba de ser un ejercicio azaroso y, por ende, sumamente peligroso. Por ello la construcción de puentes a lo largo de la historia, y muy particularmente en la Edad Media, se consideró una obra pía; era una obra de caridad hacia el prójimo y sus artífices llegaron a conseguir la santidad, casos de Santo Domingo de la Calzada o San Juan de Ortega. Incluso quien quería redimir su alma aportaba fondos testamentarios para el levantamiento de puentes, tal como hizo Odoario Afonso con el de Cesures. A partir del siglo XII se realizaron en Francia colectas públicas y se crearon cofradías con la exclusiva misión de promoverlas con este fin. En España, la propia iglesia llegó, a finales del XII, a conceder indulgencias a todo el que contribuyese pecuniariamente a la construcción de puentes.

El Vao Silveiro, uno de los últimos vados de las rutas jacobeas, es temporalmente objeto de críticas y peticiones a la espera (2010) de un puente o pasarela que libere a los peregrinos del riesgo del río Castro. Mientras otros, tal vez los más aventureros, prefieren que permanezca tal cual, como muestra histórica de los azarosos que han sido siempre los pasos de los peregrinos. [JAR]


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