XacopediaVillafranca del Bierzo

En gallego, idioma muy presente en la zona, Vilafranca do Bierzo. Población de 3.500 habitantes (500 m) en el Camino Francés a su paso por la provincia de León, Castilla y León. A 183 km de Santiago. Tal como indica su topónimo, el Camino de Santiago tuvo una importancia vital en el desarrollo de esta zona, habitada ya desde época prerromana. En tiempos de Alfonso VI (s. XI) se fundan en la zona dos hospicios: uno dedicado a Santiago y otro, solo para franceses, denominado de San Lázaro.
La localidad consigue un desarrollo sustancial al popularizarse las peregrinaciones, convirtiéndose en punto de descanso antes de afrontar el valle del río Valcarce. Así lo recoge el Codex Calixtinus en la descripción de las etapas del Camino: “La décima de Rabanal a Villafranca, en la boca del valle del Valcarce, pasando el puerto del monte Irago. La undécima desde Villafranca hasta Triacastela, pasado el puerto del monte Cebreiro.”

Una historia ligada al Camino////
El paso de peregrinos va consolidando un burgo de francos, aunque pronto se sumarían judíos, gallegos y gentes de otras tierras. También se cree que el topónimo haría referencia a una villa sin franquicias. El auge del Camino lleva al rey Alfonso VI a otorgar una cédula en 1072 eximiendo a los peregrinos del pago del portazgo que exigía el castillo de Santa María de Autares, próximo a Villafranca, en “ofrenda al Apóstol bajo cuyo poder está toda España”.
En 1186 el obispo de Astorga obtuvo una bula papal para fundar una iglesia que podría ser la actual de Santiago, donde los peregrinos imposibilitados para acabar la ruta podían ganar el jubileo. Más tarde la villa pasaría al arzobispado compostelano. En los siglos XIV y XV se desarrolló un núcleo de artesanos y una incipiente burguesía que daría auge a la villa, como demuestran los importantes edificios de la época: el castillo, la colegiata, varios conventos, etc. Sin embargo, la abadía cluniacense a principios del XIV presentaba un estado ruinoso, aunque seguiría ocupada por monjes hasta principios del XVI bajo la advocación de la Asunción de Nuestra Señora. En este siglo el marqués de Villafranca se convierte en Virrey de Nápoles y aprovecha su situación para transformar el monasterio cluniacense en colegiata de canónigos. La nueva institución sería clave en el devenir religioso de los siglos siguientes hasta que en el XIX pasaría a ser iglesia parroquial de la Asunción.
En el centro urbano de Villafranca del Bierzo se encuentra la popular y hermosa calle del Agua, -una gran inundación anegó toda la zona en 1715-, lugar de paso de los peregrinos. Es la calle con más actividad tras consolidarse la Ruta Jacobea, de la que es parte innegable. Toda la calle constituye un auténtico museo de heráldica como también importante muestrario de arquitectura barroca tanto civil como religiosa. En ella se instalaron órdenes religiosas que atendían a los peregrinos y todavía hoy destacan varios monumentos de gran relevancia jacobea, como las iglesias de San Francisco y Santiago, la ex colegiata de Santa María, el convento de la Anunciada, el antiguo hospital de Santiago o la iglesia de San Nicolás el Real, en cuyo interior se custodia al Cristo de la Esperanza, patrón del Bierzo. Por esta zona también se encuentra la casa natal del Padre Sarmiento.
En todo caso, lo primero que observa el peregrino al entrar en Villafranca es la iglesia de Santiago (ss. XII-XIII), que por su excepcional relevancia jacobea cuenta con su propia entrada en esta obra. Pero hay muchos otros monumentos de gran importancia, como el convento de San Francisco, fundado en 1213 por la reina Urraca. En sus orígenes tuvo otra ubicación en el hospital que se localizaba en la zona ocupada por el convento de la Anunciada. Hacia el año 1285 se traslada a su actual ubicación. De aquel convento solo se conserva la iglesia, un templo de estilo románico-gótico.
El cenobio de la Anunciada fue una fundación del V marqués de Villafran-ca a principios del siglo XVII para la profesión religiosa de una hija suya. El edificio se construye al gusto italiano sobre las ruinas del antiguo hospital de peregrinos de Santiago.
La colegiata que se puede ver en la actualidad se empezó a erigir en 1535 sobre el emplazamiento de la antigua iglesia de Santa María de Cluniaco; las obras no concluyeron hasta el siglo XVIII. Su trazado se realiza bajo un gótico tardío con elementos renacentistas y barrocos, y sorprende al peregrino por sus maravillosas y espectaculares bóvedas y cúpula en pizarra. Dentro hay numerosas imágenes de gran valor artístico, pero destaca en el ámbito jacobeo el retablo dedicado a San Roque y San Jorge, fechado en la segunda mitad del siglo XVII. Se custodian en la colegiata numerosos pasos de Semana Santa. No se puede hablar de Villafranca del Bierzo sin mencionar su castillo, situado en la parte alta de la villa y construido en el siglo XVI en mampostería.

Hospitalidad////
En la Edad Media llegó a haber seis hospitales en la villa. Se sabe de la existencia del de San Lázaro destinado, como viene siendo habitual, a enfermos infectocontagiosos. Del lazareto existe documentación desde el siglo XII y se cita todavía en el XVI, aunque hoy día no se conserva nada de él. Tampoco existe ya el hospital de San Roque, que desapareció en el siglo XVII cuando los terrenos donde se localizaba fueron ocupados para construir el convento de franciscanos de la Anunciada. Se conoce también la existencia del hospital de San Juan desde el siglo XII, el de Sancti Spiritus entre los siglos XIII y XV y el de la Villa en el siglo XIII -que pasaría a ser después el hospital de los Pobres-.
El que todavía permanece es el hospital de Santiago, que contó con una gran botica desde el siglo XV y en el XVI llegó a estar atendido por una cofradía y a tener iglesia propia. Por una bula papal se anexionó la ermita de San Esteban de Robledo. El edificio fue totalmente renovado en el siglo XVIII y mantendría aún su función durante el XIX.
Singular personaje y heredero de la hospitalidad medieval, Jesús Arias Jato es una referencia obligada del renacer jacobeo actual, no solo por su vida dedicada a los peregrinos sino también porque continúa la labor de su familia, consagrada desde hace décadas a dar servicio a los romeros.
La historia comienza en 1905, cuando un incendio arrasa lo poco que quedaba del hospital de San Lázaro, en el que centenares de peregrinos habían recibido atención desde la Edad Media. Los abuelos de Jesús Arias querían comprar este terreno pero no pudieron hacerlo. Aún así usan la casa de Santo Domingo -adquirida en la década de los treinta- para acoger a los peregrinos bajo la máxima cristiana de “dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento y dar refugio al peregrino”. Jesús Jato López preparó un lugar para ellos en la cuadra de los animales y Generosa Armesto les daba un plato de caldo de verduras y un vaso de vino, además de pan. En la década de los setenta uno de los nietos, Jesús Arias, consigue hacerse con el viejo solar del hospital de San Lázaro y levanta un cobertizo para continuar la tradición familiar.
Luis Carandell describía en la década de los ochenta del pasado siglo este curioso albergue: “Es una especie de invernadero con una estructura cubierta de plástico. Hay un gran comedor donde se sirve un menú de 500 pesetas. Y un gran dormitorio con colchones en el suelo donde los caminantes pueden alojarse gratuitamente. El propietario, a quien todos conocen por Jato, cuenta a los visitantes historias de su abuela, Generosa Armesto, a la que llamaban La Mayosa, que era ya conocida en la ciudad por acoger a los pobres que venían por el Camino”.
Antón Pombo también dedicó numerosos elogios a esta familia y, en particular, a Jesús Arias Jato, de quien escribió: “Jato, que fue fraile y camionero, comenzó a principios de los ochenta atendiendo a los peregrinos que pasaban por Villafranca, cuando nadie lo hacía e incluso los despreciaban. El dedicó una finca de su propiedad, con un invernadero, para atenderlos. Fue ampliando el invernadero y los servicios y no cobraba. Colocó hasta duchas de agua caliente. En los noventa por el descuido de un peregrino belga el albergue ardió.”
Así surgió el albergue actual, Ave Fénix, pues, como el mítico personaje, la hospedería renació de sus cenizas. Para ello Jesús Arias contó con la colaboración directa en las obras de peregrinos y voluntarios de todo el mundo. En el edificio se colocaron piedras y sillares desechados de monumentos del Camino, así como de otras partes del mundo, como fragmentos del muro de Berlín, Hiroshima, Brasil o de las vías del tren que atraviesa EE UU.
En el boletín de la asociación Ave Fénix, que apoya el albergue, correspondiente al verano de 1995, en su primera página aparecen unos versos que sintetizan el espíritu que impregna este edificio y que da sentido a la labor de los hospitaleros. [TRI]

¡Bienvenido al Ave Fénix,
un hospital por amor!
Será lo que nunca muere.
¡Es la energía de Dios!

V. Santiago de Villafranca, iglesia de


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Tama - hace 4 años

Fotaza

Tama - hace 4 años

Es un pueblo precioso