XacopediaGotescalco

En francés, Godescalc. Obispo de Santa María de Anis, en Le Puy-en-Velay, Aquitania (Francia) entre los años 927-962 (s. X). Debe su reputación universal al hecho de haber peregrinado a Santiago de Compostela entre los años 950 y 951. Este ilustre y poderoso personaje es el primer peregrino jacobeo llegado de más allá de la cordillera de los Pirineos del que se tiene noticia fehaciente. Se conoce su viaje gracias a una casualidad, ya que en la documentación de su iglesia no parece haber quedado el menor rastro del periplo. Es el testimonio del monje Gómez -también citado como Gomesano-, del monasterio riojano de Albelda de Iregua, quien hace referencia a Gotescalco como peregrino en el prólogo de un libro que el mismo obispo de Le Puy le había encargado.

El monje amanuense de Albelda se refirió a este peregrino en una copia del libro Libellus de virginitate, de San Ildenfonso de Toledo, que fue encargada por el propio Gotescalco. La fama de los monjes copistas y miniadores de este cenobio mozárabe hizo que el obispo de Le Puy se desviara de su ruta a Santiago para encargar una copia de este códice, guardado en la biblioteca albeldense. De regreso a su tierra, un año más tarde, volvió al monasterio para recoger el manuscrito. Este códice, que fue mandado recopilar por Napoleón, se encuentra en la Biblioteca Nacional de Francia, en París. “Escribí con gusto el libro de San Ildefonso [dice Gomesano] a ruegos del obispo Gotescalco que, por motivos de oración, había partido de tierras de Aquitania con devoción patente a todos y seguido de una numerosa comitiva marchaba al extremo de Galicia, para mover la divina misericordia e implorar humildemente la protección del Apóstol Santiago”. Aclara después que “llevó este libro el santísimo obispo Gotescalco de España a Aquitania en el tiempo de invierno”.

Según sus biógrafos, Gotescalco fue monje y abad del monasterio de San Teofredo, hasta que fue consagrado obispo de Le Puy-en-Velay, cargo que ocupó durante treinta años. Por aquel entonces, quien ostentaba este puesto tenía privilegios de tal magnitud que le hacían uno de los primeros príncipes de Francia, tanto en cuestiones políticas como espirituales. Pero, además, Gotescalco era conde de Velay y de Briouce.

Tal y como correspondía a un personaje de su categoría social, peregrinó a Santiago con una gran comitiva. Además del obispo y de los miembros del clero que lo acompañaban, marchaban con él trovadores, malabaristas, pajes al servicio de los eclesiásticos, barones y senescales, arqueros y lanceros. En total el cortejo sumaría noventa y cinco personas, además de los caballos y bestias de carga.

La peregrinación de Gotescalco habría estado rodeada del lujo y de las relativas comodidades de las que se gozaba en aquella época. Según el sacerdote e investigador Julián Cantera Orive, encabezaban la comitiva los heraldos montados a caballo y provistos de trompas de cuerno con las que anunciaban la presencia del señor en determinados lugares, donde hubieran de pernoctar o descansar. También a caballo iría un considerable número de pajes. Tras ellos, los trovadores y juglares serían los encargados de entretener a los viajeros con su música, canto y discursos. Cortesanos, senescales, barones, clérigos y monjes precederían a Gotescalco. Cerrando este insigne cortejo avanzarían los arqueros y lanceros, para velar por la seguridad de los caminantes ante los riesgos de asaltos y emboscadas. Por último, una recua de mulos conducía todo el equipaje y las provisiones.

A pesar de que antes de Gotescalco hubo otros peregrinos ilustres a Compostela, su figura destaca entre las demás por el hecho de haber llegado desde una tierra tan lejana en una época en la que viajar resultaba una tarea complicada, y cuando en el Camino no se habían desarrollado todavía las instituciones de protección al caminante, como los hospitales, ni existía un trazado continuado. Aunque el itinerario seguido es poco conocido -se sabe que estuvo en Albelda y Pamplona-, se baraja la posibilidad de que pudiese ser el inaugurador de la Vía Podiense, que parte de Le Puy. En este sentido, Vázquez de Parga, Lacarra y Uría apuntan que desde el santuario de Santa María de Anís de esta ciudad se iniciaba, como relata el Códice Calixtino (s. XII), una de las rutas que, enlazando santuarios célebres de Francia, conducía al sepulcro del Apóstol, y que otro obispo de la misma sede asistió a la solemne consagración de la iglesia de San Isidoro de León en el año 1063. Sin embargo, el estudioso francés Humbert Jacomet afirma que con mayor probabilidad recorrió la Vía Domitia, paralela a la costa mediterránea francesa.

Sea como fuere, Gotescalco se convirtió en un símbolo de la peregrinación desde Francia a Compostela y se irguió como una figura emblemática del renacimiento jacobeo que recorre Europa desde mediados del siglo XX. Actualmente, quizás apelando a la intensa memoria dejada por Gotescalco, la ciudad de Le Puy sigue manteniendo viva una gran actividad jacobea. [XIV]

V. San Martín de Albelda, monasterio de


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Pingas - hace 3 años

Mielda glande mucha mielda de página pol dios