repetidores, losNo se les nota a primera vista pero uno los descubre en los albergues, en los foros de Internet y en el propio Camino: “Sí, es el tercero que hago”; “La otra vez comencé en Ponferrada, ahora vengo desde Saint Jean”; “Bueno, me falta el Camino Mozárabe”, etc. El Camino es adictivo y en los libros de los albergues se nota su huella. Hago una cala en declaraciones de años pasados: una húngara residente en Suecia hizo el Camino ocho veces, escribía en 2003; José M.ª P. llegó por vigésima sexta vez en 2005 y reaparece en 2006 con veintiocho caminos hechos; el vasco H. decía por entonces que llevaba quince años haciendo el Camino... Conozco personalmente a algunos y no son personas raras, al contrario. A finales de 2009 mis amigos André y Clinete, matrimonio de médicos de Río de Janeiro, peregrinaron por séptima vez; mi otro amigo, el zuriqués Werner, empresario, me anuncia para otoño (2009) su peregrinación número veintitrés.
¿Cuántos peregrinos repiten? Un experto que colabora en este mismo diccionario dice que un tercio de los que llegan a Santiago, pero no puede dar datos precisos, porque no los hay. En 1991 rastreé las deposiciones en el libro de acogida de la Oficina del Peregrino de la catedral de Santiago y contabilicé hasta un diez por ciento de quienes escribieron algo. Pero, claro, están los que no escribieron nada y los que no mencionaron esa circunstancia; ahora serán más quienes hacen el Camino más veces, consecuencia del aumento general de peregrinos.
La pregunta es lógica: ¿qué impulsa a estos peregrinos a volver una y otra vez al Camino? Una primera respuesta es que las impresiones de la peregrinación son tan densas que no basta una vez para asimilarlas: paisajes fascinantes y distintos; monumentos, pueblos e iglesias con peso histórico por los que se pasó apresuradamente, los momentos sugestivos en los albergues con peregrinos que nunca soñamos conocer. Todo ello unido a la dimensión psicológica y espiritual convierten al Camino en adictivo. Un australiano converso después de una estancia en Calcuta con la Madre Teresa, explicita este proceso: “La primera vez peregriné por razones emocionales; la segunda fue por razones espirituales.”
Hay otros estímulos: conocer otros caminos a Santiago. Piénsese en peregrinos del Levante español o los tan numerosos de Madrid: han hecho el Camino Francés y quieren comenzar desde Cartagena, Alicante, Murcia o Madrid con los senderos señalados con flechas amarillas desde su ciudad, o por variar en el modo. Uno escribió: “La primera vez vine en bici; la segunda andando; esta vez vengo, por segunda vez a caballo, con un ciego”. Observo en los ciclistas el deseo de volver a hacer el Camino a pie. De otros “reincidentes” conocemos bien sus motivos. Enrique, de A Coruña, peregrina desde Roncesvalles todos los meses de septiembre para cumplir la promesa de peregrinar mientras pueda, en agradecimiento a Dios por la curación de su cáncer de garganta; en septiembre de 2009 lo hizo por decimonovena vez. E., de Madrid, escribió: “Peregriné la primera vez para pedir fortalecer la voluntad; la segunda, para pedir novia; ahora lo hago para sacar adelante mi negocio”. Hay un grupo de peregrinos ciclistas que salen en la prensa, con su propia historia; se trata del presidente de AC Hoteles, el navarro Antonio Catalán, que peregrinó hace diecinueve años para pedir la curación de su hija y vuelve cada año con medio centenar de jefes y empleados de la empresa, la hija curada y, ahora, con Serafín Zubiri, el cantautor ciego.
Me encontré con un matrimonio encantador de altos funcionarios del Ministerio de Asuntos Exteriores: “Lo hemos hecho siete veces. Lo tenemos claro: es un Camino de Fe”; esa vez iban con bolsas de plástico, recogiendo basura del Camino.
Un italiano explaya algo del proceso que se da en los que vuelven al Camino: “Los hombres se simplifican en el Camino. Se opta por las cosas fáciles y se aprende de los ríos, de los pájaros, del viento, del silencio. Aprendes a escucharte a ti mismo”.
No hay nombre específico para los que repiten, no obstante son muchos quienes lo hacen: el término ‘reincidentes’ tiene significado negativo; ‘repetidores’ es vulgar. ¿Reiterantes?, ¿recidivos? Ya aparecerá la palabra. Queda patente que la experiencia caminera es muy densa. El peregrino tiene la sensación de que ha ido demasiado deprisa -aunque vaya a 4 km por hora-; de que estaba cansado para ver monumentos o desviarse unos metros; de que tiene más cosas en las que pensar, más personas que conocer; de que podía haber rezado.
En el libro de la Oficina de Acogida es abundante, en la coda de las declaraciones de los peregrinos llegados, un muy explícito “volveré”. [MC]